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Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), situados en el Golfo Pérsico, están compuestos por siete emiratos casi autónomos. Poseen aproximadamente el 10% de las reservas mundiales comprobadas de petróleo y de gas, algunas de las más espectaculares obras de arquitectura moderna, y acerca de 2.5 millones de trabajadores emigrantes. Esos trabajadores representan el 80% del total de la populación y el 95% del su mano de obra. Aunque sin ellos el país dejaría de inmediato de funcionar, la mayoría vive y trabaja en condiciones infrahumanas y recibe sueldos tercermundistas en un país que ostenta uno de los PIB pro capita mas altos del mundo.

La explotación de trabajadores en los Emiratos Árabes Unidos, que empieza en el mismo momento en que los nuevos llegados desde India, Pakistán, Bangla Desh, Nepal, Sri Lanka o Filipinas salen del avión, se puede considerar, en los peores de los casos, una forma de esclavitud. Los empleadores confiscan sistemáticamente los pasaportes de los trabajadores y les obligan a firmar un contrato en árabe que les ata a cobrar un sueldo bastante mas bajo de lo que les habían prometido. Esto tiene un doble resultado. En primer lugar, cada queja acerca del salario se vuelve ilegal. Además, aumentan las posibilidades que el trabajador tiene de verse enredado en un ciclo de esclavitud por deudas. Atraídos por la promesa de un trabajo estable y elevados sueldos, los trabajadores emigrantes invariablemente piden préstamos con altos intereses en sus países de origen simplemente para llegar en el Golfo. Contraviniendo directamente a la ley, pero de acuerdo con la costumbre general, los empleadores luego añaden el coste del visado y las expensas del viaje a la deuda original. Un psiquiatra de Dubai habla sobre casos de suicidio: “cuando estos trabajadores llegan aquí, se dan cuenta de donde se ha metido y que lo han perdido todo, ellos entonces reaccionan. Se sienten atrapados porque saben que ya no pueden volver atrás. No hay escapatoria. Saben que se encuentran en una situación de esclavitud por deudas y reaccionan a lo que consideran el error mas grandes de sus vidas, una perdida sin arreglo.”

La emigración en el Golfo se puede consideran atípica en cuanto los trabajadores viajan solos, sin esposas o familia, y no buscan conseguir la ciudadanía como ultimo objetivo. Es algo similar a una contratación temporal, salvo que casi nunca es temporal: de hecho muchos trabajadores emigrantes han pasado sus enteras vidas de adultos en el Golfo. Los trabajadores viven en campos de trabajo con división por sexos y cada uno se encuentra atado a un empleador por un sistema conocido como kafala. El trabajador depende totalmente de su empleador. Si éste decide de retener el salario, o se niega de pagar horas extras, o apresa otros trabajadores en el espacio ya reducidos de viviendas carentes de todo estándar de habitabilidad e higiene, los trabajadores no pueden hacer nada. Sindicados de trabajadores, huelgas y paros forzosos están prohibidos y las protestas están castigadas con violencia, expulsiones colectivas y hasta cárcel. Si la bajada del dolare de EEUU, al cual la moneda de EAU está atada, significa que un trabajador ya no puede permitirse de pagar su propia deuda, y menos de alimentar su familia, este trabajador desde luego no tiene ningún recurso legal para instar una queda formal. El trabajador esta obligado a actuar ilegalmente por las leyes del país y después es castigados por sus instituciones en la forma mas desproporcionada y cruel.

El Ministerio de Trabajo, el departamento del gobierno responsable de regular el mercado de trabajo y diseñar su política, falta completamente de medios para manejar casi 3 millones de trabajadores emigrantes. Compuestos por nacionales de los Emiratos como parte del programa de “emiratizacion” de los EAU, el ministerio trabaja para proteger los intereses de empresas privadas. En directo contraste con su mandato, este deniega justicia a los trabajadores emigrantes tanto por de sus modalidades de trabajo, como por las estrategias obstructivas de sus empleados. El balance del poder en los EAU no se encuentra en las salas de los ministerios del gobierno, sino en las salas de reuniones de gigantes públicos y privados como Nakheel, Emaar y Dubai International Capital, entidades del gobierno que efectivamente controlan el inmensamente beneficioso sector de la construcción, y que durante sus días de descanso se van de compras en Europa o en EEUU buscando oportunidades de inversión. El elevado precio del petróleo ha inundado la región con petrodólar. No esta claro si Dubai es un gobierno disfrazado de empresa o una empresa que disimula ser un gobierno. En cada caso su preocupación es de no mejorar las situaciones de vida de los trabajadores emigrantes en los EAU. Las pruebas recolectadas por acreditadas ONG como Human Rights Watch, indican una sistemática y extendida esclavitud por deudas, demuestran que el gobierno se niega claramente de tratar el problema (desde 2004 cuatro distintas promesas de introducir sindicados de trabajadores han sido ignoradas), y muestran como empresas de propiedad estatal consiguen beneficios mayores de empresas privadas, aunque la diferencia es tan pequeña de ser insignificante. De acuerdo con establecidos principios de derecho internacional, esta es una situación que supuestamente representa un caso de complicidad estatal en actos de esclavitud. Los Emiratos Árabes Unidos ya no tienen la excusa de la ignorancia y las alegaciones de impotencias suenan falsas.

La comunidad internacional no considera los EAU como una prioridad. Las críticas se reducen casi a nada quizás por la localización de los EAU en una zona de crítica importancia geopolítica. El movimiento de sindicatos internacionales de los trabajadores no ha hecho ningún significante esfuerzo para presionar a través de la Organización Internacional del Trabajo y los medios de comunicación internacional han cubierto solo los más atroces casos de abuso, ignorando el resto. No hay ninguna ONG operante en los EAU que osaría criticar el gobierno y en cada caso esto sería ilegal. El resultado es que los negocios y el turismo han florecido. Dubai y Abú Dhabi están considerados como lugares para hacer negocios y para irse de compras. Según la percepción publica los Emiratos Árabes Unidos, así como muchos otros países del Golfo ricos en petróleo, no están reconocidos como el estado paria que realmente son.

Translation: Irene Pietropaoli